Salvar las almas

Fue en la catedral de S. Pedro. Un domingo, al finalizar la misa en la que Teresa había recibido la Eucaristía, cuando cerraba el misal, se conmovió profundamente al ver una imagen de Jesús en la Cruz que se deslizaba de una de sus páginas :

« Sentí un gran dolor al pensar que aquella sangre caía al suelo sin que nadie se apresurase a recogerla. Tomé la resolución de estar siempre, con el espíritu, al pie de la Cruz para recibir el rocío divino que goteaba de ella, y comprendí que luego debería derramarlo en las almas. . . También resonaba continuamente en mi corazón el grito de Jesús en la Cruz :« ¡ Tengo sed ! ». Estas palabras encendían en mí un ardor desconocido y muy vivo…Quería dar de beber a mi Amado y yo misma me sentía devorada por la sed de almas…No eran todavía las almas de los sacerdotes las que me atraían, sino las de los grandes pecadores ; ardía en deseos de arrancarlos del fuego eterno… » (Manuscrito A ,45 v°)

Su misión en el Carmelo

Para ser más misionera, Teresa se siente llamada al Carmelo tras los pasos de Santa Teresa de Avila, su « Madre », por el don de su vida y la oración que traspasa todas las fronteras. Como la Santa española,« quisiera dar mil vidas para salvar una sola alma ».

Al entrar en el Carmelo declara :

« He venido para salvar almas pero, sobre todo, para orar por los sacerdotes. »

« Amar a Jesús y hacerlo amar » debe de ser, cada vez más, la meta de mi vida.

Siente una gran alegría cuando le ofrecen dos hermanos espirituales para ayudarles en su ministerio con la oración y el sacrificio :

abbé Bellière
abbé Bellière

-*el seminarista Mauricio Bellière, de veinte años, pide la ayuda de una carmelita para que rece por su vocación. Será Padre Blanco y partirá a Nyassland ( hoy Malawo). Volverá a Fancia y morirá hospitalizado en el Buen Salvador de Caen en 1907 ,a los treinta años. Teresa le ayudará mucho con sus cartas. Le escribirá once y todas muy importantes ;

abbé Roulland
abbé Roulland

-*el P. Adolfo Roulland, de las Misiones Extranjeras de París, se escribirá tambien con Teresa después de celebrar su primera misa en el Carmelo y tener una conversación con ella. Partirá a China, a Su-Tchuen . Murió en Fancia en 1934. Teresa le escribirá seis cartas.

Los dos permitieron a Teresa extender sus horizontes a todo el mundo. Enferma, « andará por un misionero ».

Los « deseos infinitos » que la hacen sufrir en la oración la impulsan a escribir :

« Recorrer la tierra (…)Anunciar el Evangelio en las cinco partes del mundo y hasta en las islas más remotas… Quisiera ser misionero no sólo durante algunos años, sino haberlo sido desde la creación del mundo y seguir siéndolo hasta la consumación de los siglos… » (Manuscrito B,3 r°)

Su misión el el cielo

Este deseo se va a intensificar hasta en su lecho de agonía, en la esperanza de seguir siendo misionera después de su muerte :

« Tengo la confianza de que no voy a estar inactiva en el cielo. Mi deseo es seguir trabajando por la Iglesia y por las almas. Así se lo he pedido a Dios y estoy segura de que me va a escuchar.« (Carta 254) »Presiento que mi misión va a comenzar, mi misión de hacer amar a Dios como yo lo amo, de enseñar mi caminito a las almas « (JEV,85) »Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra »(JEV,85)