El encanto humano de la santidad cristiana

Homelía del cardenal José Saraiva Martins

Alençon y Lisieux, 12-13 de julio 2008
150 aniversario del matrimonio
de los venerables Siervos de Dios, Luis y Celia Martin

Cardinal MartinsCelina… “Alza tus ojos a la Patria santa y allí verás en tronos honoríficos a los autores de tu inmensa dicha, ¡a tu padre y tu madre tan queridos… !”

Mis queridos hermanos y hermanas,

He querido comenzar mis reflexiones con estas palabras de Teresita, que describen la atmósfera familiar en la que creció.

La familia del siglo XIX a nuestros días

Cuando el cielo se vacía de Dios la tierra se llena de ídolos. Durante el siglo XIX, el de los Martin, y a principios del XX, se abandonó progresiva y desinteresadamente el ámbito de la educación en el seno de la familia en beneficio del campo socio-económico. Carlos Péguy, nacido cinco años después de santa Teresita, lo subrayaba de forma casi profética : “Un niño cristiano-escribía, en efecto, en una de sus obras- no es sino un niño al que se le ha puesto ante sus ojos millares de veces la infancia de Jesús” En la vida cotidiana y en las frases de cada día, se encuentran aún reflexiones inconscientes del pueblo cristiano, que “caminaba y cantaba” y que” hacía sillas con el mismo espíritu con el que construía las catedrales”. Sin embargo, no se puede afirmar que esta descripción del niño cristiano se corresponda con lo deseado por Carlos Péguy adulto. A su alrededor, en el medio natural y escolar de la infancia, pocos viven así, con la mirada familiar afectuosamente dirigida a Jesús y a María. Pero la familia Martin si lo hizo.

La negación del papel de la paternidad en la educación continuó en el siglo XX de manera más compleja, esencialmente con la adhesión a los modelos de los grandes totalitarismos, los cuales entendían que debían sustituir a la familia y confiar la educación al estado totalitario, comunista o nacional-socialista. Esta abdicación, este eclipse de la figura del padre, se prolonga en la sociedad de consumo donde el arribismo y la imagen tienen un lugar importante en la educación de los alumnos.

La educación es una cuestión de testimonio.

Sin grandes discursos, sin sermones, el señor Martin instruyó a Teresita en el sentido último de la existencia. Luis y Celia fueron educadores porque no tenían ningún problema en educar.

La familia hoy : el amor en la familia está enfermo

A primeros de año, un periódico italiano (Il Mattino di Napoli) del lunes 14 de enero de 2008, publicaba un artículo de Claude Risé con este significativo título : El amor en la familia está enfermo.” Está enfermo el amor, está enfermo el lugar en el que cada ser humano experimenta por primera vez la fe en el amor, ser amado y amar a otros… En la familia actual los niños, más que ser objetos del amor de sus padres, encuentran en ella la competencia de otras muchas cosas.

Una familia excepcional : testimonio de las hijas Martin

He aquí el testimonio de las hijas Martin.

“Durante toda mi vida, Dios ha querido rodearme de amor. Mis primeros recuerdos están impregnados de las más tiernas sonrisas y caricias (Ms A, 4 vº) : he aquí el retrato más hermoso y vivo de los Venerables Siervos de Dios Luis y Celia Martin, trazado por la más ilustre de sus hijas. Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz, en las primeras páginas de Historia de un alma, describe la dulzura y la alegría familiar. Teresa, la Doctora más joven de la Iglesia, vio a su familia como la tierra de un jardín,”una tierra santa” donde creció con sus hermanas bajo el mando hábil y experto de sus incomparables padres.

“Dios- escribió Teresita al abate Bellière algunos meses antes de su muerte- me ha dado un padre y una madre más dignos del cielo que de la tierra”. Esta convicción profunda de las hijas Martin sobre la santidad de sus padres era compartida por los miembros de su familia y también por las personas que los conocían, que hablaban de ellos como de una pareja santa.

Catorce años después de la muerte de Celia, en una carta de 1891, la tía Celina Guerin escribía a Teresita que estaba ya en el Carmelo : “¿Qué he hecho para que Dios me haya rodeado de corazones que tanto me quieren ? No he hecho sino responder a la última mirada de una madre a la que yo amaba mucho, mucho. He creído comprender aquella mirada que nada ni nadie podrá hacerme olvidar. Está grabada en mi corazón. Desde aquel día he tratado de reemplazar a la que Dios os había dado y que os amaba tanto, pero, ¡ay !, nadie reemplazar a una madre… ! Tus padres, Teresita, son de los que se pueden llamar santos y merecen ser padres de santos.”

Incluso, la misma Leonia, que dio tantos problemas a sus padres, repetía a sus hermanas de la Visitación de Caen : “Nobleza obliga ; pertenezco a una familia de santos, debo estar a la altura.”

Su secreto : una vida ordinaria “extraordinaria”

Luis y Celia Martin son un ejemplo luminoso de vida conyugal vivida en la fidelidad, en la acogida de la vida y en la educación de sus hijos. Un matrimonio cristiano vivido en la confianza absoluta en Dios y que puede ser propuesto a las familias de hoy. Su vida matrimonial fue ejemplar, llena de virtudes cristianas y de sabiduría humana. Ejemplar no significa que nosotros debamos calcar, fotocopiar su vida reproduciendo todos sus actos y gestos, sino que debemos utilizar, como ellos, los medios sobrenaturales que la Iglesia ofrece a cada cristiano para realizar su vocación a la santidad. La providencia ha querido que su beatificación sea anunciada en el cuadro de las celebraciones del ciento cincuenta aniversario de su matrimonio, 13 de julio de 1858.

¿Por qué después de tanto tiempo ? ¿No está muy alejada de nuestra época esta familia ?

¿Son modernos los esposos Martin ? ¿Pueden ayudar a nuestras familias a afrontar los desafíos actuales ?

Estoy seguro de que un amplio debate se abrirá sobre esta pareja y su Beatificación. Conferencias, debates, mesas redondas tratarán de establecer la actualidad de su experiencia con nuestra historia tan compleja. Sin embargo, una cosa debe quedar clara : la Iglesia no ha canonizado una época, sino ha examinado la santidad. Con los Martin la Iglesia propone a los fieles la santidad y la perfección de la vida cristiana, que esta pareja de esposos vivió de forma ejemplar y, para utilizar el lenguaje del proceso, hasta un grado heroico. La Iglesia no se interesa por lo excepcional, sino por subrayar que, en el día a día, su vida fue sal de la tierra y luz del mundo (Mt 5, 13-14). El Siervo de Dios Juan Pablo II, afirmaba : es necesario que lo heroico llegue a ser cotidiano y que lo cotidiano llegue a ser heroico. La Iglesia ha establecido que Luis y Celia hicieron de su vida cotidiana algo heroico y de su heroísmo algo cotidiano. Esto es posible también para todo cristiano, sea cual sea su estado de vida. Y me complace citar aquí un pasaje de la célebre carta a Diognète sobre el matrimonio cristiano y que los esposos Martin supieron encarnar perfectamente :

Los cristianos no se distinguen de las demás personas ni por su tierra, ni por su lengua ni por su forma de vestir…Se casan como los demás, tienen niños , pero no abandonan a los nuevos nacidos, viven en el cuerpo, pero no según el cuerpo. Pasan su vida en la tierra, pero son ciudadanos del cielo, obedecen a las leyes establecidas, pero su manera de vivir las sobrepasa.

Esta carta traza un modelo concreto de vida posible, un camino que todo discípulo de Jesús está llamado a recorrer, incluso en la actualidad : anunciar la belleza del matrimonio cristiano con sus experiencias auténticas, creíbles, atrayentes. Para realizar esto, es preciso que los esposos y los padres sean maduros en el amor. Luis y Celia abrazaron la forma de vida conyugal para seguir a Cristo. Esposos, cónyuges y padres en Cristo que reciben el matrimonio como una llamada y una misión dada por Dios. Con su vida anunciaron a todos la buena nueva del amor “en Cristo” : amor humilde, amor que no escatima nada para recomenzar cada mañana, un amor capaz de confianza, de sacrificio. Esta comunión se ve claramente en las cartas intercambiadas entre los dos esposos.

En una de estas breves cartas, que es casi una síntesis del amor conyugal, Luis se despide así : tu marido y amigo verdadero que te ama para toda la vida. A estas palabras, les hacen eco las de Celia :”Te sigo con la mente todo el día y me digo por dentro : “en este momento está haciendo tal cosa”. No veo la hora de volver a tu lado, querido Luis, y hasta siento que se redobla mi cariño al faltarme tu presencia ; no podría vivir alejada de ti.”

¿Cuál es el secreto de esta comunión ? Quizá el hecho de que, antes de mirarse recíprocamente a los ojos, tenían su mirada fija en el rostro de Jesús. Vivían sacramentalmente la comunión recíproca, a través del contacto que los dos tenían con Dios. He aquí el nuevo”Cantar de los Cantares” propuesto a los esposos cristianos : no sólo deben cantarlo, sino que sólo ellos pueden cantarlo. El amor cristiano es un “Cantar de los Cantares” que la pareja canta con Dios.

La vocación en la familia

La vocación es ante todo una iniciativa divina. Una educación cristiana favorece la respuesta generosa a la llamada de Dios. En el seno de la familia es donde los padres deben ser para sus hijos, con sus palabras y con su ejemplo, los primeros anunciadores de la fe, deben favorecer la vocación de cada uno y, de manera especial, la vocación a la vida consagrada (CCC, 1656). Así, si los padres no viven los valores evangélicos, los jóvenes difícilmente podrán oír la llamada, ni comprender la necesidad de los sacrificios que implica apreciar la belleza de la meta a alcanzar. En efecto, en la familia es donde los jóvenes tienen la primera experiencia de los valores evangélicos, del amor a Dios y a los demás. Conviene que sean formados en la responsabilidad de su libertad, para estar preparados a vivir, según la vocación, las realidades espirituales más elevadas. (Juan Pablo II : Vida consagrada).

Todos los hijos Martin fueron recibidos como un don de Dios para ser, después, devueltos a Dios. La mamá, con el corazón roto de dolor, ofreció a sus cuatro hijos muertos cuando eran muy pequeños. El papá también ofreció a sus cinco hijas cuando entraron en el convento. Por sus hijos, no solamente sufrieron dolores del parto, sino también los dolores de engendrarlos a la fe hasta ver a Cristo formado en ellos. (Ga 4, 16)

Fueron verdaderos ministros de la vida y padres santos que engendraron santos, además, guiaron y educaron a la santidad. La familia Martin, como la familia de Nazaret, fue una escuela, un lugar de aprendizaje y de entrenamiento en la virtud. Una familia que se convertirá en punto de referencia para cada familia cristiana.