Editorial 2014

por P. Olivier RUFFRAY, rector del Santuario de Lisieux

¡Bienvenido a la Página Web del Santuario de Santa Teresita de Lisieux !

Père Olivier RuffrayEn el mes de mayo nos dirigimos de forma muy especial a la Santísima Virgen, a la que en Lisieux llamamos “Virgen de la Sonrisa” desde que María sonrió, reconfortó y curó a Teresita, el 13 de mayo de 1883, a la edad de 10 años, de una depresión profunda causada por la entrada en el Carmelo de su hermana Paulina, a la que había escogido como segunda mamá al morir su querida madre Celia cuando tenía cuatro años y cuya separación revivió en ella el dolor de la pérdida de su querida mamá. ”De repente, la Santísima Virgen me pareció hermosa, tan hermosa, que yo nunca había visto nada tan bello. Su rostro respiraba una bondad y una ternura inefables. Pero lo que me llegó hasta el fondo del alma fue la encantadora sonrisa de la Santísima Virgen. En aquel momento, todas mis penas se disiparon…”( MA 30rº).

Amar a María nos lleva directamente a Jesús. El amor de Jesús que llena nuestra alma nos hace conocer el amor de Dios Padre por la acción del Espíritu Santo, este mismo Espíritu Santo cuya venida esperamos especialmente en la fiesta de Pentecostés que es la fiesta de la Iglesia.

En Lisieux Santa Teresita nos enseña a amar a la Iglesia : “En el corazón de la Iglesia mi Madre, yo seré el amor.” He aquí la audacia de Teresita : darnos a conocer el amor de Dios depositado en nuestros corazones que no desea más que difundirse en el río de la caridad : “La caridad me dio la llave de mi vocación.” (MB 3vº)

Más aún, en Lisieux, Santa Teresita nos conduce a los caminos de la Misericordia divina. En la actualidad estamos acondicionando, bajo el claustro sur de la Basílica, un lugar que nos ayude a comprender la Misericordia divina tal y como la misma Santa Teresita la comprendió.

En sus manuscritos autobiográficos nos cuenta Teresita que, al volver de la misa del Gallo, el 25 de diciembre de 1886, fortalecida por la Eucaristía que acababa de recibir, Jesús la hizo fuerte y valerosa (Gracia de Navidad). Teresita recuerda también otro momento, acaecido un domingo, en el que, al contemplar una estampa de Jesús en la Cruz que se deslizaba de su misal, comprendió la misión a la que la llamaba el Señor : trabajar para salvar las almas de los pecadores. Algo que hizo rezando por Pranzini, un condenado a muerte que había rechazado la ayuda del sacerdote pero que, estando en el cadalso, besó las llagas del Crucifijo que el sacerdote tenía entre sus manos. Teresita obtuvo la señal que había pedido. Y entrará en el Carmelo para rezar por los pecadores. Pranzini será su primer hijo.

También en Lisieux recibimos estos días al futuro de la Iglesia, a los jóvenes adolescentes de la Isla de Francia de las Obras Misionales Pontificias (OMP) encabezados por sus respectivos Obispos.

Cuando ojeamos el registro en el que se escriben el nombre y la procedencia de los sacerdotes que vienen a celebrar misa en el Santuario de Lisieux, nos sigue asombrando comprobar que vienen de todo el mundo, de todos los continentes.

Este es el milagro de Teresita : atraer a los jóvenes y a los mayores, a los cercanos y a los alejados, enseñarnos a amar y a hacer amar al amor : “Amar a Jesús y hacerlo amar.”

En Lisieux recordamos a todos en nuestra oración de cada día y confiamos vuestras intenciones a Santa Teresita y a los beatos Luis y Celia Martin, sus padres.

Gracias por rezar también por nosotros.